sábado, 24 de enero de 2009

Poeta de la franja


Sin duda, la guerra es de los pretextos más estúpidos de la humanidad para buscar “soluciones” a los “problemas”.La injusticia de la guerra es la gente inocente asesinada en el territorio en conflicto. Es ahí donde nacen los corazones más fuertes pero también los más vulnerables. En esta triste historia de medio oriente hay una palabra más poderosa que un arma de destrucción masiva. Es la poesía de la resistencia palestina en la obra de Mahmoud Darwish, -1942,Barweh (Galilea)-, todo un ejemplo del sufrimiento de un pueblo “donde nada existe”. Este enorme poeta pasó por persecuciones, prisión, torturas, exilio, y dejó más de una treintena de libros de poemas, traducidos a 35 idiomas donde da uno de los mejores golpes a Israel y Palestina: el reconocimiento internacional por su valiosa palabra combativa. "Al fin de cuentas, hace ya años que mi nación es sólo lenguaje" diría alguna vez Darwish.
La represión de este poeta fue también, sin duda, una respuesta a su popularidad, que permitió que uno de sus poemas se convirtiera en himno nacional de los jóvenes durante los años de las primeras agitaciones de palestinos de Cisjordania y de la Franja de Gaza contra el estado de Israel, (las famosas Intifadas.)
Los jóvenes al tiempo que arrojaban piedras, lanzaban poemas al ejército ocupante: "Yo soy árabe. El número de mi carné es el 50.000. Número de hijos: ocho. El noveno llegará después del verano. Sin apellidos. Yo soy mi nombre. Paciente infinito en un país donde todos viven sobre las brasas de la cólera".
El año pasado murió Darwish a los 67 años y el mundo árabe no pudo negar su enorme aportación literaria y espiritual. Aquí les dejo uno de sus poemas para el disfrute y reflexión.

El Pasaporte

No me reconocieron en las sombras
que aspiraron todo mi color en el pasaporte.
Y mi herida, para ellos, era una exhibición
para turistas que aman coleccionar fotos.
No me reconocieron, oh...
No dejes mi palmera sin sol,
porque los árboles me reconocen.
Todas las canciones de la lluvia me reconocen
No me dejes pálido como la luna.
Todos los pájaros que siguieron mi palmera
hasta la puerta del distante aeropuerto.
Todos los campos de trigo.
Todas las prisiones.
Todas las tumbas blancas.
Todas las fronteras.
Todos los pañuelos que saludan.
Todos los ojos estaban conmigo
Pero todo eso quedó fuera de mi pasaporte.
Sin nombre, ni identidad,
en un suelo que alimento con mis manos.
Hoy Job (*) lloró, llenando el cielo.
No hagan de mi un ejemplo por segunda vez!
Mis maestros! Mis maestros, los profetas!
No le pregunten a los árboles el nombre de ella.
No le pregunten a los valles sobre su madre.
Desde mi frente explota la Espada de Luz (**)
Y de mi mano fluyen vertientes que alimentan ríos.
Todos los corazones de la gente son mi identidad.
Así que llévense mi pasaporte.
Mahmoud Darwish


(*) Job es un profeta que Dios puso a prueba. El poeta cree que cada palestino es puesto a prueba igual que Job (Ayyub en el Corán), al punto que Job llora fuertemente implorando a Dios que su situación no se repita con su pueblo. (**) "Espada de Luz", símbolo de la verdad.

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