viernes, 9 de mayo de 2008

CIBER CAFÉ SENTIMENTAL




Pedro Luis



Dan ternura las chicas de primer semestre. Llegan al negocio inocentes – ni tanto – y en sus grandes ojos, delgados cuerpos, intuyo las ganas de querer ser licenciadas en algo, salir de la prisión a la que llaman hogar, conseguir un trabajo bien remunerado, ser independientes, enamorarse y que ese amor dure para siempre.
Atiendo un ciber café en una universidad, no estudié tanto como esas chicas lo hacen. Creo que es mejor así porque si me dedicara a estudiar tendría esa mirada de carroña estudiantil, sería parte de la mafia de la sociedad de alumnos, estaría resentido con las compañeras que no prestan ni el acordeón. Sería de esos alumnos huevones que compran a los maestros, una contradicción de vejiga prominente vagando por el campus universitario.
De todas esas chicas de primer semestre están las más abusadas, las que llegan a coquetear y a preguntar cómo me llamo y si tengo novia, aunque en el fondo no les interese en lo más mínimo. Es así que se arruga el corazón, cobro menos y a las que están de buen ver a veces no les cobro nada.
Pero no hay comparación con las chicas de primer semestre entrando a veces con la mirada perdida por la puerta del ciber. Por ejemplo, la espigada de granos en la cara, libreta bajo el brazo, contando sus pesos y con las cuentas en el aire. A modo de broma y en serio me pregunta si hacemos descuento con la credencial de estudiante. Soy un perdedor ante ese tipo de miradas, las que parecen tocar el alma cuando en momentos de impresiones y cidis quemados no esperas. Le digo que no es nada.
El que la hace de jefe escucha mi respuesta. Me lanza unas miradas desde la mesa del servidor, unas miradas de lince avaro. Ni la música de trova a la que es muy afecto ablanda a ese corazón interesado. Fernando Delgadillo o Silvio Rodríguez se escuchan a todo volumen para amortiguar la incomodidad. Ni modos me digo, y me hundo en la silla que acompaña la mesa del servidor número dos. Se me descontará en mi quincena. Es así que llega el día de paga y todavía me pregunto cómo gano tan poco.


2 comentarios:

Unknown dijo...

pue que va.. que detras de ese ablandamiento del corazón hay un colmillo afilado.. o será al revés?.. un saludo.

Pipoca dijo...

por ese corazón tan blando, termina uno con la cartera y el alma en blanco.
saludos