Leo libros de poemas como si fueran una ruleta de la palabra que aniquila. Vuelvo a poemarios leídos una primera vez. Hay varios en una caja. Como si fueran enormes hojuelas de maíz derramadas en un plato los revuelvo, tomo uno y al abrirlo en cualquier página, caen unas hojas dobladas que contienen versos capturados en computadora, letra Times, 12 puntos.
Leo las hojas caídas del árbol de Jaime García Terrés. Me acuerdo de inmediato que se trata del ejercicio del Ciber para poetas, proyección de Alex Largo, un Bukowski que escribe cuando quiere pero que vive a lo Bukowski, de la republica hermana de Neza York, profundo viajero entre las células que explotan y la resistencia cósmica y urbana.
Las hojas son un ejercicio durante su estancia en Villa, en el taller del Monero y el Teatrero, donde además ensayó un grupo de rock progresivo, se hizo nacimientos y caricaturas políticas, se guardó escenografía e instrumentos de una compañía de teatro y un grupo de música afroantillana respectivamente.
Entre todo eso, Alex Largo se refugió en los rincones viviendo de la limosna y los brebajes ponzoñosos que invitaban los que podían. Ahí en esa posada, alguien le había obsequiado una computadora vieja, con Windos 98 y con un Word muy atrasado. Ahí concibió su Ciber para poetas. Donde él estaría dando el servicio desde esa computadora madre, y al mismo tiempo convocaría a una escritura grupal, un cadáver más exquisito por su tallereo en el mismo momento en que sucede la aparición del verso.
Nance y un servilleta fuimos sus conejillos de indias. Llegamos un día nubloso. Compramos cerveza y cigarros. Ya todos servidos, Alex Largo nos explicó el ejercicio: Se toma un poco de alcohol, se fuma si es necesario, y se escribe un verso o un párrafo. Después, el teclado se pasa al siguiente participante que inicia el mismo procedimiento. Tema libre.
Ha regresado y aquí se los dejó, Ciber para poetas, hecho en algún mes del 2008, por Alex Largo, la Nance y este seguro servilleta. Un cadáver exquisito, virtual, efímero y etílico.
EL CIBERSPACIO
Este punto se pierde,
y es posible imaginar
a un poeta maldito bebiendo café.
Había que desconectarse de este programa pasado.
El sol cae en tu espejo y quiebro mi cuerpo en nada.
La música de la vecina distorsiona el sentido.
Aparecen trazos en el monitor, colgados, un disco flexible, una impresora de inyección de tinta, textos impresos, borradores, colección de poemas reciclados, pocos llegarán a la fama.
Ella revienta. ¿Qué es gris? El cielo aparece verde.
Ya ha de ser como el atardecer, el ruido de los autos se ha armonizado, la vecina se quedó dormida.
El abismo marca el límite de tu ausencia, misterio y nada, salida que muerde la mariposa, mosca en la flor, viento en la piel.
La ciudad construye todo lo que no se ha visto.
Las furias nuevas están presentes. Puntos de sudores. El sol es como la conciencia del diablo. Este día, es el día cero del sol.
Ella recoge silencio. El rostro define su energía imaginable. En el cabello cortado están las raíces, se ve en los labios insinuación y melancolía. Tira piedras a las ventanas que se detienen en sus manos.
El encuentro significa la ruptura. El pensamiento averiado.
Definir el tiempo, espacio volátil, ilusión, emoción de ocio.
Movimiento que se esparce, canto demente.
Puente, presión de la imagen, continuación de la muerte.
Te ofrecen esta ciudad, el reloj que cuelga en palacio de gobierno, el tiempo de todos.
Un puente bajo las orillas del llamado, donde los teclados de la soledad invocan lo real de la derrota.
La salida no es para desaparecer por la emergencia de la locura.
El reflejo definía sus ojos enmarcados en miradas inciertas que lo negaban todo.
Este círculo no se cierra, no es circunferencia, no termina.
El abismo marca el sonido de tu ausencia, misterio de nada, salida que busca la mariposa.
jueves, 23 de octubre de 2008
CIBER PARA POETAS
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1 comentario:
órale, este cadáver era el del tipo más alto del mundo. Muy buena manufactura, se nota ya el oficio de poetas que tienen.
un saludo defectuoso
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