Desde el púlpito de todos los días,
de todos los santos,
desde esta cocina del infierno,
escribo la carta sin destino,
donde multiplico el pan y el agua,
donde se desborda la tinta
como una presa agrietada,
donde a la manera de Simone
dejo un beso tan largo como tú quieras.
Y contaré de los primeros dioses,
a los que nunca conocimos tan bien
Como a Satchmo, José Carlos o Dylan:
Nuestros dioses en la tierra,
no en otra parte.
Los otros que sobrevuelan el cielo
nos separaron cuando en el principio éramos uno,
nos fundíamos en un mismo cuerpo.
Llenos de celos por competir con su divinidad,
con un rayo fulminante dieron fin a nuestra unión
para naufragar en fronteras diferentes,
para contar tristes historias de agua dulce,
para volver al surrealismo y como Bretón decir:
espero que seas locamente amada,
y nunca acabar la epístola,
antes brotan alas en el lomo,
dejo puntos suspensivos como si fueran huellas
y vuelvo a las palabras de Paz:
el pan vuelve a saber.
_pL-
1 comentario:
¿por qué siempre el amor es agridulce, doloroso, gozoso y delirante? No lo sé, pero sí sé que cada palabra que le dedicamos lo vuelve más atrayente y sugestivo.
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