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lunes, 5 de octubre de 2009

Juanito y las habichuelas mágicas


Érase una vez quesera. El amarillo se derretía ante un verano para olvidar. El mago legítimo sacó a Juanito del sombrero; liebre de monte con una banda tricolor en la frente. Abracadabra le dijo el mago sin conocerle. Así nació Juanito. El mago legítimo le dijo que su destino era el de ir en busca de las habichuelas mágicas; cuando las tuviera en su poder le ordenó regresar para hacer la entrega. El mago legítimo le dijo que por ningún motivo usará las habichuelas para su beneficio. Juanito le prometió que cumpliría con la encomienda; dio su palabra, lo único que poseía de valor.
Encontró las habichuelas muy fácilmente. Siempre estuvieron en una esquina de su barrio. Lo que pasa es que nunca se había tomado la molestia de verlas. Ahora, cegado y envuelto en su magia, Juanito se dio cuenta que otras liebres también las codiciaban. Las otras liebres adularon a Juanito; algunas le hicieron propuestas indecorosas; todos lo conocían. La insignificante liebre de monte por vez primera degusto las mieles del poder. Le habían salido alas. Y todo por unas habichuelas mágicas.
Al final de la búsqueda, cuando tenía en su poder todas las habichuelas mágicas, Juanito decidió que no cumpliría su palabra.
Las otras liebres dieron noticias al mago legítimo. Después de mucho vacilar el mago legítimo utilizó el sombrero nuevamente. Ahora el abracadabra plus ultra era un poderoso hechizo para emergencias. Del sombrero salió disparado el Carnal Marcelo, incondicional del mago legítimo. El Carnal Marcelo consideraba un honor corregirle los malos hechizos a su poderoso aliado; lo consideraba un sustituto natural para Tin tan, al que tanto extrañaba.
Solo bastó una canción al oído del Carnal Marcelo para aplacar a Juanito. Con un rasgueo poderoso a su guitarra Paracho cayeron las alas de la liebre.
Con orejas bajas, con la banda tricolor sucia y maltrecha, así tuvo que ir Juanito a la entrega de las habichuelas. Le costó mucho trabajo e hizo un poco de berrinche. Al final sabía que no podía con los cantos del Carnal Marcelo ni mucho menos con los hechizos de emergencia del mago legítimo. Los últimos momentos de fama de Juanito fueron en la entrega de las habichuelas mágicas; todas las liebres interesadas estaban ahí; algunas gritaban a Juanito por el pasillo donde caminaba hacia el mago legítimo que no las entregara, otros rumiaban a oscuras y unas más sólo reían. En la entrega de las habichuelas también había algunos cerdos…