
Pedro Luis
...Mira, hemos fantaseado demasiado, murmuré a modo de despedida...
Algunos llegamos al extremo de añadirnos a grupos izquierdozos y pseudo-revolucionarios de estrellita pálida, de rostro encapuchado, facciones que casi eran ya de nosotros y que se han vendido hasta salir en tv y hacer comerciales. Fueron invitados de mis emociones. Y en realidad tan disfrazada de colores e ideologías siempre busqué al fantasma de la ficción. Quizás, porque todo en lo que participé con mi cinta que decía en letra minúscula: “disidente” se presentó con la desazón de no saber a ciencia cierta que decían sus puntos, sus fundadores de voz igual refundida; se volvió todo una verborrea que mató la plaga que en sus principios se extendía favorablemente. A mí sólo me tocó ver el tercer acto sin telón en una ya aburrida trama. Pero en fin, lo que vi en uno de esos días, fue la plenitud de lo que sentí que debía hacer. Encontrar por dónde el fantasma de la ficción se transfiguraba incluso en los grupos donde yo me moví, furtivo y desconfiado.
Es así que no avisó, sólo estuve en el tiempo y lugar adecuado, en ese instante.
Era en las afueras del cuartel general clandestino, en la gira artística de izquierda pseudo radical. Sabíamos de los orejas, estaban entre nosotros, tranquilos y campantes. Nos tocó hacer guardia. Un joven cantante revolucionario tocaba con su guitarra las notas del comandante Ché Guevara (Silvio dixit). Es así que pensé que por ahí se debía de colar el personaje de mi alter ego, de mi propia ficción elaborada y a punto de bullir en una hirviente realidad transgresora. Me acerqué con toda la confianza que me había ganado. Me tocaba estar despierto mientras los demás compañeros de guardia se echaban una pestaña. Entré sin sobresaltos a la casa del cuartel general. Ahí estaba sin capucha, su barba era más negra que la noche, roncaba. En mi mano izquierda había un cuchillo con empuñadura de piel de lagarto… Mira, le dije en voz baja, hemos fantaseado demasiado…
No hay comentarios:
Publicar un comentario