domingo, 27 de abril de 2008

Seattle Grace Hospital


Lo envidiable de los cirujanos
es su agolpada billetera
donde nunca les falta bisturí.

Saben lo que es ser residente
en la tierra y en el fuego.

Reflexionan sobre sus monstruos
mientras se dirigen a cardiología.

Lo envidiable de los cirujanos
es que abren cuerpos y sostienen corazones.

Se esconden en los pasillos
para ser infieles sin engañar a nadie,
para dejar correr a los augurios que también,
ocultos en las sombras, se despabilan.

Lo envidiable de los cirujanos
es que están atentos a cada tejido,
tienen miradas de águila real,
amor blanco y ciego,
como si en verdad la textura
de un moribundo fuese lo más importante.

Al llegar a casa se desparraman en sus lujos
y siguen pensando en las texturas del paciente en turno,
en la canción elegida para cerrar el capitulo.

pl

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Al llegar a casa avientan sus batas blancas manchadas de sangre.
Asi es mi hermana, jaja.

Pipoca dijo...

y cuando van al baño no miran sus heces para no hacer diagnósticos apresurados.
jajajajja